Lima, 27 ene (EFE).- El congresista Carlos Tubino, portavoz del partido fujimorista Fuerza Popular, afirmó que «la misericordia no existe en el corazón» del cardenal peruano Pedro Barreto, quien este fin de semana declaró que «la justicia es para todos», al comentar el regreso a prisión del expresidente Alberto Fujimori.
«No se conmueve ni siquiera ante un hombre de 80 años, enfermo del corazón, con hipertensión arterial, gastritis hemorrágica y con cáncer recurrente a la lengua. Los Evangelios por los suelos», señaló Tubino este domingo en su cuenta en Twitter.
El legislador agregó que Barreto, quien es arzobispo de la ciudad centro andina de Huancayo, «una vez más… da declaraciones propias de un político y no las que les corresponde como prelado de la Iglesia católica».
«Lamentable», comentó en sus mensajes, que acompañó con la etiqueta de la cuenta oficial del papa Francisco en español.
Tubino insistió luego en dirigirse a Barreto para decirle que «el papa Francisco ha dicho que «si no somos capaces de unir la compasión a la Justicia, terminaremos siendo seres inútilmente severos y profundamente injustos».
«¡Cambie de Actitud! Introduzca la compasión a su alma y actúe como prelado de la Iglesia católica», enfatizó.
Barreto pidió este sábado que se respete la condición de expresidente de Fujimori, pero remarcó que «la justicia es para todos».
«A nadie le deseo la cárcel. Hay que respetar al expresidente que ha tenido virtudes y defectos, pero el Poder Judicial lo ha condenado», enfatizó Barreto en el Canal N, antes de añadir que el indulto que se le otorgó el 24 de diciembre de 2017 «era una especia de misericordia sin justicia».
Consideró, por ese motivo, que su nueva prisión «se ha convertido en una forma de justicia con misericordia, porque va a estar en condiciones que no tiene la gran mayoría de internos del país».
En declaraciones previas, ofrecidas el viernes a la emisora RPP Noticias, Barreto enfatizó que «hay que ser misericordiosos, pero hay que ser justos».
«En el Perú hay 90.000 internos hacinados, la capacidad de las cárceles es de 37.000 personas y hay 90.000, y hay personas que tienen mucho más edad, casi 85 o 90 años, enfermos casi terminales, con cáncer, que están sumidos en locales hacinados», remarcó.
Fujimori, quien gobernó Perú entre 1990 y 2000, fue reenviado este miércoles a la misma prisión donde cumplía su condena a 25 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad hasta que fue indultado por el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018).
Después de que un juez anuló a fines de octubre pasado el indulto, el expresidente se internó en una clínica de Lima, donde permaneció durante 112 días alegando problemas de salud que ponían en riesgo su vida, aunque sus opositores manifestaron que en realidad buscaba evadir el cumplimiento de la orden judicial.
El abogado de Fujimori, César Nakasaki, señaló este viernes que cree que «había la decisión de meter preso a Alberto Fujimori sí o sí» y consideró que en este proceso hubo «un tema ideológico claro».
Ante esto, el presidente del Poder Judicial, José Luis Lecaros, negó «rotundamente» que se dieran presiones tras la decisión de ordenar el regreso de Fujimori a una celda.
Keiko Fujimori, la hija mayor del expresidente, que también está presa mientras es investigada por un presunto lavado de activos, manifestó que siente un «profundo dolor» y pidió a los jueces y médicos que tengan compasión con su padre.
Poco antes de abandonar la clínica, Fujimori publicó una carta manuscrita en la que afirmó que el final de su vida está cerca, debido a las dolencias que padece, que incluyen males crónicos propios de su edad, como hipertensión arterial, una hernia lumbar, gastritis y fibrilación auricular paroxística, además de unas lesiones en la lengua, conocidas como leucoplasia.
A Fujimori le quedan por cumplir más de 14 años de la condena que recibió en 2009 como autor mediato (con dominio del hecho) de las matanzas de Barrios (1991) y La Cantuta (1992), cometidas por el grupo militar encubierto Colina, además de por los secuestros de un periodista y un empresario en 1992.
En la imagen, el cardenal peruano, Pedro Barreto. EFE/Archivo
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