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Denuncian a líderes de Sodalicio por secuestro, lesiones y asociación ilícita

Cinco exmiembros de la congregación católica Sodalicio de Vida Cristiana (SVC) denunciaron penalmente a ocho integrantes de la cúpula de ese grupo, incluido su fundador, Luis Fernando Figari, por asociación ilícita, secuestro y lesiones graves, que supuestamente sufrieron cuando eran menores de edad.

Los denunciantes explicaron hoy, en una conferencia de prensa, que la querella fue presentada el martes ante la Vigésima Sexta Fiscalía Penal de Lima, que desde octubre investiga a Figari y a otros líderes del Sodalicio por presuntos abusos sexuales y lesiones físicas y psicológicas a menores que integraban la congregación.

Además de Figari, entre los denunciados están Jaime Baertl, Virgilio Levaggi, José Ambrozic, José Antonio Eguren, Eduardo Regal, Óscar Tokumura y Erwin Scheuch, así como “los que resulten responsables” durante la investigación fiscal del caso.

Los querellantes son José Enrique Escardó, Martín López de Romaña, Vicente López de Romaña, Óscar Osterling y Pedro Salinas, periodista que recogió los testimonios de sus compañeros bajo seudónimos en el libro “Mitad monjes, mitad soldados”, cuya publicación motivó la investigación a los líderes del Sodalicio.

El objetivo es aportar a la investigación testimonios con “nombre y apellido” que permitan continuar las pesquisas por delitos que todavía no prescribieron, como el de secuestro, a diferencia de aquellos contra la libertad sexual, que ya prescribieron, según indicó el abogado de los denunciantes, Héctor Gadea.

El letrado apuntó que los casos de violación sexual reportados en el libro de Salinas pueden ser investigados desde el punto de vista del secuestro, cuya pena máxima es de 30 años de prisión.
“La tesis del secuestro no es la reclusión en cuatro paredes sino la captación que esta agrupación criminal hacía de sus miembros desde que eran escolares, lavándoles psicológicamente sus cerebros a espaldas de sus padres para que, al ser mayores de edad, accedieran a ser recluidos”, explicó Gadea.

Vicente López de Romaña, quien formó parte del Sodalicio durante 14 años, explicó que fue captado por la congregación cuando tenía 13 años y que sus prácticas le hicieron “quebrar la forma de pensar”.

“Es un proceso larguísimo que lleva años y es sutil. Primero te haces su amigo, sientes su apoyo y te sientes seguro con ellos, luego te plantean la vida cristiana y tú aceptas hasta que poco a poco empiezas a cumplir ordenes absurdas”, recordó López de Romana.

Osterling, que pasó veinte años en el Sodalicio, aseguró que “muchas personas no se logran reinsertar” en la sociedad tras abandonar el grupo porque salen de este sin experiencia laboral, sin amigos y enfrentados con sus parientes.

Los denunciantes instaron a otras víctimas del Sodalicio que testificaron ante la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, creada por la misma congregación en noviembre pasado, a trasladar sus denuncias a la vía judicial.

Salinas reiteró que el objetivo principal de la denuncia no es económico sino “la sed de justicia” para que no existan más organizaciones sectarias de ese tipo en Perú.

En noviembre pasado, el abogado de Figari, Armando Lengua, alegó que en la investigación no había “absolutamente nada más que el relato de testimonios presentado bajo seudónimos” y adelantó que su defendido, quien permanece en Roma desde 2010, solo volvería a Perú “cuando la Fiscalía esclarezca los hechos”.

Sin embargo, el Sodalicio declaró en abril a Figari “culpable de los abusos que se le imputan”, y su superior general, Alessandro Moroni, presentó ese mes ante el Vaticano el informe de su Comisión de Ética, que concluyó que hubo abusos sexuales a menores.

Moroni afirmó que se incurrió en “prácticas constantes de abusos, físicos, psicológicos e incluso sexuales”, además de “discriminación social y racial”, por lo que pidió la intervención de la Santa Sede y una reparación económica para las víctimas.

Los testimonios del libro de Salinas denunciaron maltratos físicos, psicológicos y violaciones sexuales en los años 80 y 90, y acusaron de esos abusos a Figari y Germán Doig, este último número dos de la organización hasta su fallecimiento en 2001.