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El Gobierno peruano quiere acabar con los últimos remanentes de Sendero Luminoso
El presidente de Perú, Ollanta Humala
El Gobierno peruano quiere acabar con los últimos remanentes de Sendero Luminoso El presidente de Perú, Ollanta Humala

El Gobierno peruano quiere acabar con los últimos remanentes de Sendero Luminoso

Lima, 13 ago.- El Gobierno del presidente de Perú, Ollanta Humala, se ha puesto una valla alta: terminar en su último año de gestión con los remanentes armados de Sendero Luminoso confinados en el agreste Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem).
Las últimas informaciones oficiales señalan que Sendero aún cuenta con unos 60 combatientes “arrinconados” en una zona del Vraem entre el norte del Cuzco y la selva central del país, que llega hasta la región Junín.
Para cumplir con su ambicioso objetivo, que implicaría el fin de la lucha armada iniciada por Sendero en 1980, las autoridades deberán capturar a los hermanos José y Raúl Quispe Palomino, los últimos líderes del grupo remanente.
Este grupo mantiene sus acciones a pesar de sus abiertas discrepancias con los líderes históricos de Sendero, quienes en su mayoría cumplen condenas a cadena perpetua, incluido su fundador, Abimael Guzmán, quien fue detenido en 1992.
Si bien esa captura implicó la derrota política y militar de Sendero, algunos grupos continuaron su lucha clandestina en la selva del país, aunque paulatinamente fueron implicándose con las bandas de narcotraficantes de la zona, lo que llevó al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos a colocarlos en la lista negra de narcotraficantes internacionales.
EE.UU. considera que los senderistas cobran dinero por la producción y procesamiento de la coca, además de ofrecer transporte y protección armada a los traficantes que mueven largos cargamentos de cocaína al extranjero.
En los últimos días las fuerzas de seguridad han propinado varios golpes en el Vraem, que incluyeron la desarticulación de una de las principales columnas senderistas y el rescate de 54 personas, entre ellas 34 niños, de un campamento ubicado en la espesura de la selva.
Fue el viceministro de Defensa peruano, Iván Vega, quien anunció que el objetivo de este Gobierno, que termina su mandato en julio próximo, es terminar con los remanentes subversivos, aunque también aclaró que no se puede indicar una fecha precisa.
El optimismo se incrementó tras la captura, durante el último fin de semana, de los cabecillas Alexander Alarcón Soto, “Renán”, y Dionisio Ramos, “Yuri”, quienes comandaban una columna de Sendero en el sur de la región Cuzco.
Esto permitió, según las autoridades, la desarticulación de esa columna y ahora solo queda la columna del norte, dirigida por los hermanos Quispe Palomino.
Aunque las autoridades admiten que las últimas capturas no impiden que el grupo subversivo intente mandar otra columna a la zona, se declaran “atentas” a cualquier intento en este sentido.
La semana pasada las fuerzas de seguridad también ingresaron en un campamento de Sendero a 280 kilómetros de Lima y rescataron a 54 personas, entre ellas 34 niños, que eran retenidos desde hace años por la banda armada.
Según los datos oficiales, Sendero aún mantiene cautivos y en condiciones de esclavitud a entre 170 y 200 personas, de los que entre 70 y 80 son niños.
Los analistas destacan que los éxitos de las fuerzas de seguridad se basan en el trabajo conjunto entre militares y policías, un modelo que obtuvo grandes éxitos en el valle del Huallaga, el otro reducto de Sendero que fue desarticulado hace tres años.
En ese lugar se logró capturar al líder senderista Florindo Eleuterio Flores (camarada Artemio) y se eliminó gran parte de los cultivos ilegales de coca, lo que llevó al Gobierno a levantar hace unas semanas el estado de emergencia (excepción) después de más de 25 años.
La captura o eliminación de los últimos remanentes terroristas le permitiría a Humala sellar su gestión, duramente cuestionada por problemas de seguridad ciudadana, con un gran éxito político y, además, implicaría el fin definitivo de una guerra que, según la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR), dejó más de 69.000 víctimas, la mayoría atribuidas a Sendero Luminoso.

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